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Escenarios Educativos: Aula, escuela, comunidad

Si me preguntaran si todo lo que he aprendido en esta vida lo hice en un salón de clases, la respuesta sería un rotundo “no”. De hecho, estoy segura de que, si te hicieran la misma pregunta, la respuesta sería la misma. Es más, hasta ahora no he encontrado alguna persona de ninguna edad con una respuesta distinta. En definitiva, hemos aprendido en la escuela, pero también de nuestra familia, amistades, vecinos y de otros colectivos de los que formamos parte a lo largo de la vida: equipo deportivo, grupo artístico, religioso, de exploradores, literario, etc.  

Esta realidad es lo que justifica la existencia de los escenarios dentro de la propuesta curricular actual: aula, escuela, comunidad. En el Plan de Estudio 2022 la escuela se convierte en solo uno de los múltiples espacios que se pueden considerar para la construcción de los aprendizajes, es uno de los elementos en la red de instituciones en los que se viven procesos de socialización y, por tanto, de formación.  

La SEP define los escenarios educativos como “ese conjunto de espacios, interacciones y prácticas dentro de un territorio, desde donde es posible el aprendizaje, la formación de los alumnos y la transformación de la realidad” (SEP, 2022). De manera particular reconoce tres escenarios: aula, escuela y comunidad.  

Aula 

Espacio físico-simbólico delimitado por grado, organización escolar o espacio concreto, en el cual se dan vínculos docente-estudiante y estudiante-estudiante. En este caso, los proyectos enmarcados en ese escenario tienen una proyección a corto plazo. Es el escenario de acción más usual en las prácticas educativas actuales.  

Escuela 

Este identifica a todo el plantel escolar. En ese sentido, los vínculos se dan a nivel multigrado e intergrupales. Aquí ya hay interacción con personas de diferentes edades y con figuras de autoridad diversas. Los proyectos en este escenario tienen una proyección a mediano plazo. 

Comunidad 

Este macroescenario incluye al espacio en donde se sitúa la escuela, se considera un territorio específico con una cultura, prácticas, valores y conocimientos que se comparten. Sus proyectos son a largo plazo e involucran la colaboración con socios-comunitarios (negocios o empresas, instituciones públicas, organizaciones civiles sin fines de lucro, todas preferentemente locales) a quienes se les puede contactar ya sea por tener alguna relación con los estudiantes, con miembros del equipo escolar o por medios externos como redes sociales, teléfono, correo electrónico, etc.  

La participación de la comunidad puede darse al inicio de nuestras secuencias didácticas, desde la planeación del proyecto o como invitados a presentar una situación problemática. De igual forma pueden estar presentes en el desarrollo, brindando una clase tutorial, como asesores o consultores o como destinatarios del proyecto o trabajo escolar. Por último, en el cierre podrían involucrarse como audiencia o como evaluadores del trabajo realizado.  

Un detalle importante por destacar es que estos tres escenarios están presentes tanto en la propuesta curricular para Educación Básica como en la reforma del Marco Curricular Común para Educación Media Superior. Como verás, su intención prioritaria es vincular el trabajo escolar con el entorno, de tal forma que lo aprendido en la escuela tenga un impacto social que se traduzca en bienestar para todos. 

¿Estás listo para sumarte a este reto? ¡Nuestra sociedad lo necesita! 

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