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¿El nivel educativo tiene un impacto en la salud?

Un especialista estadounidense en salud pública examina las posibles causas por las que las personas con educación universitaria suelen vivir más y mejor que los menos educados. 

 

Austin Frakt es investigador en el Instituto de Salud de los Veteranos de Boston (EEUU), profesor asociado en la Universidad de Salud Pública de Boston y profesor adjunto con la facultad de salud pública de Harvard. A principios de junio de 2019 publicó en el New York Times el siguiente artículo –que hemos traducido– sobre la relación entre los niveles educativos y los niveles de salud.   

 

La educación superior suele asociarse con mejores niveles de salud, pero no está tan claro cuáles podrían ser las causas de dicha relación. Las personas que fueron a la universidad suelen vivir más años, de acuerdo con el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Además, las personas con mayor educación presentan menos problemas de ansiedad y depresión, menos limitaciones funcionales y tienen menos probabilidades de presentar condiciones de salud serias, como diabetes, enfermedades cardiovasculares o asma. 

 

Pero la causalidad transita en ambos sentidos. Las personas que tienen mala salud desde edades tempranas pueden verse impedidas para buscar una mejor educación, a diferencia de las personas con buena salud. Por otro lado, una persona que tiende a fijarse metas a largo plazo puede motivarse a desarrollar mejores hábitos de salud, como el ejercicio regular.

 

Algunos estudios han hecho experimentos para intentar llegar a una respuesta. Uno de ellos encontró que un mayor nivel educativo está relacionado con una menor tendencia a fumar tabaco. Este hallazgo es solo una pista de cómo la educación podría mejorar la salud: reduciendo la tendencia a involucrarse en comportamientos o hábitos peligrosos. Pero estos hábitos solo pueden explicar una parte de la relación entre educación y mortalidad. 

 

Otro factor es que la educación puede otorgar habilidades para analizar información y resolver problemas complejos, lo que por ejemplo, se necesita para navegar en los sistemas de salud para atender enfermedades crónicas. 

 

Un nivel más alto de educación también está asociado con mayores ingresos y mayor riqueza, lo que a su vez se relaciona con mejor salud. Pero de nuevo, la causalidad va en ambos sentidos. Es necesario estar razonablemente saludable para mantener un empleo o para trabajar largas horas, por ejemplo. Los altos niveles de ingresos suelen asociarse con mejores seguros médicos y un mejor acceso a la salud. 

 

Muchos estudios han demostrado que los niños que nacen en familias más ricas gozan de mejor salud, quizá porque tienen mejores cuidados prenatales y mejor nutrición, o porque viven en ambientes menos contaminados. Una niñez más saludable muchas veces se traduce en una adultez más saludable. Los hijos de padres con mayores ingresos tienen más posibilidades de tener mejor educación y tener mayores ingresos ellos mismos. Así es como la relación ingresos-salud puede propagarse a través de generaciones. 

 

Una mayor educación y riqueza pueden otorgar mayor estatus social, que también se relaciona con la salud. Un estudio publicado en 1978 encontró que los funcionarios británicos de más alto nivel, como los administrativos, tenían menores tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares que los funcionarios de rangos bajos, como los mensajeros. Entre estos últimos había más casos de sobrepeso, presión y azúcar altas y tabaquismo.

 

Una hipótesis que relaciona estos dos factores es que las personas de menor estatus suelen vivir vidas con una mayor cantidad de estrés. Se sabe que el estrés altera el flujo sanguíneo y libera hormonas que dañan los tejidos, aumentando los riesgos de enfermedades cardiovasculares y las tasas de mortalidad. Algunas investigaciones sugieren que incluso el estrés en el embarazo puede afectar al feto en formas que pueden perdurar durante toda su vida. 

 

En los últimos años en Estados Unidos, se ha registrado un aumento en las llamadas muertes por desesperanza: suicidios, drogas o alcohol, específicamente en personas de mediana edad sin educación universitaria. En contraste, las tasas en este tipo de muerte se mantienen estables desde 2007 para aquellos que sí fueron a la universidad.

 

En 2012, los investigadores encontraron que la expectativa de vida para las mujeres blancas con nivel educativo de preparatoria era de 73.5 años, mientras que la de mujeres blancas con diploma nivel universitario era de 83.9 años. En los hombres era de 67.5 años para los primeros y 80.4 para los segundos. 

 

Así como nuestra salud se ve afectada por el estilo de vida, los genes, el medio ambiente y el sistema de salud, la educación también tiene un rol. No podemos decir exactamente cuánto o por qué. Sin embargo la disminución en la longevidad y los menores niveles de educación en Estados Unidos pueden ayudar a explicar que la expectativa de vida se ha reducido en este país en los últimos años.

 
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